El Show de Chicharito Está Listo Para Comenzar

Nota del editor: Para nuestra audiencia hispanohablante, B/R, por primera vez, proporciona una traducción...
photo of David GardnerDavid Gardner@@byDavidGardnerStaff WriterJune 11, 2018

Javier Hernández ya debería estar en el campo. Es una mañana inusualmente soleada a principios de mayo y Hernández lleva una hora de retraso al oscuro estadio al este de Londres porque su conductor confundió las locaciones de destino y la de salida. A Hernández le molestan las demoras. La impuntualidad siempre ha sido molesta para él. Pero su tardanza en llegar es una metáfora apta para su carrera en el fútbol europeo, en la que frecuentemente se ha encontrado fuera del campo sin culpa propia. 

(Editor's note: This story was originally written in English and translated into Spanish. See the original article here. Haz clic aquí para ver el artículo original en inglés.)

Su agenda para la tarde está más apretada que las multitudes en Old Trafford durante sus primeros días con el Manchester United. Debe filmar un comercial para Adidas, hacer dos entrevistas en español y una en inglés, y posar en sesiones fotográficas para dos sitios web; todo en el transcurso de tres horas. Ahora, se espera que lo haga todo en dos. Pero Hernández, quien es mejor conocido como Chicharito, es un maestro cuando se trata de sacar el mayor provecho de una cantidad limitada de minutos. Durante gran parte de su carrera, ha sido un sustituto, saliendo de la banca en el segundo tiempo para desmoralizar a los defensores con piernas moribundas. Hasta esta temporada lenta con el West Ham, había sido uno de los delanteros más eficientes de toda Europa.

Si la demora lo ha irritado, lo esconde bien para cuando entra a una oficina de gerencia que se ha convertido en un estudio de maquillaje y peinado. Saluda a todos los que se encuentra y le da la mano a media docena de personas. Hernández sonríe amablemente mientras las personas a su alrededor comentan sobre el clima. Está a solo unas semanas de cumplir 30, y no necesita mucho tiempo en esta silla. Las arrugas apenas se han empezado a formar en su frente y su cabello va de acuerdo al estereotipo de los jugadores europeos: Cada pelo ya había sido rociada y cortada lo suficiente para convencerte de que rara vez deja pasar más de 72 horas entre cortes de cabello. Hernández sale de la habitación con sus zapatos de fútbol naranjados, shorts negros y la camiseta verde de México.

Edward Moss for B/R Mag

El 17 de junio se pondrá el mismo uniforme en Rusia para representar a México por tercera ocasión en la Copa Mundial. En su carrera europea, Hernández rara vez se ha quejado de los reveses y ha celebrado el éxito con una humildad poco común. Aunque ha sido un goleador letal en las tres ligas europeas, y por ende el resto del mundo, rara vez ha sido un regular en los once iniciales. Lo mismo es cierto para su carrera internacional, donde es el máximo anotador del Tri, pero luchará una vez más para estar en el campo cuando suene el primer silbatazo este verano. Es posiblemente el hombre mexicano más famoso en el mundo, pero es esa combinación de estrellato y esfuerzo lo que lo hacen indiscutiblemente el atleta más querido del país. 

“Nunca se ha dejado caer ante los problemas”, dice Fernando Schwartz, un periodista mexicano en Fox Sports quien conoce a Hernández desde hace más de una década. “Siempre está peleando, y cuando gana, comparte el éxito. Es un símbolo para los mexicanos, especialmente para los inmigrantes mexicanos, que trabajan duro alrededor del mundo”. 

Hernández desciende las escaleras del estadio con 6,000 asientos. El espectáculo del Chicharito está por comenzar. Y por fin, pone los pies en el campo.


Cuando está en la cancha, Hernández se mueve con propósito. Este campo, en el Chigwell Construction Stadium, hogar del club Dagenham & Redbridge –de quinta planta y con problemas de liquidez–, es mantenido monásticamente pero sigue sufriendo de una cantidad vergonzosa de manchas cafés. Dos docenas de personas rodean a Hernández mientras lo atraviesa, y sin embargo se desliza a su alrededor en un parpadeo, una serie de pasos aparentemente silenciosos que han confundido a decenas de defensores de la Liga Premier, La Liga y Bundesliga durante la última década.

Cuando alcanza el borde del otro lado de la cancha, hace una pausa y posa. Midiendo 1.70 es más o menos un pie más pequeño que el delantero prototípico, pero aun así puede tener una presencia imponente. Arquea sus hombros hacia atrás, saca el pecho y da una mirada fría a la cámara. Esos ojos, verdes con café en las orillas, son parte del linaje que ha ayudado a hacerlo mundialmente famoso.

Edward Moss for B/R Mag

El abuelo materno de Hernández, Tomás Balcázar, fue delantero en el club mexicano Chivas a finales de los 40s y principios de los 50s. El grupo sería conocido más tarde como Campeonísimo gracias a sus ocho campeonatos. Balcázar también anotó para el Tri en una derrota ante Francia en la Copa Mundial de 1954. El padre de Hernández, de quien es tocayo, fue parte del equipo nacional que llegó a los cuartos de final en la Copa Mundial de 1986 en su propia tierra, aunque no jugó… Su carrera a nivel de clubes duró casi dos décadas. Fue apodado Chícharo por sus ojos verdes, y le dio tanto su nombre como su apodo a su hijo.

De su padre y abuelo, Chicharito heredó no solo una obsesión por la perfección en el terreno de juego, sino también la comprensión de que las cosas que más importan en la vida suceden fuera de él. Cuando caminaba por la ciudad con su padre, Chicharito escuchaba los gritos de “Chícharo” y veía a mujeres sacando cámaras de sus bolsas y a chicos rogando por autógrafos. En los periódicos y en la televisión, veía el rostro de su padre. Ahora, cuando Chicharito sube a las gradas y se acomoda en un asiento rígido para una entrevista, reflexiona sobre cómo su padre le enseñó de humildad sin palabras. “Esos fueron los primeros momentos en que me di cuenta de que eran personas importantes”, Chicharito dice sobre su padre y abuelo. “Dentro de la casa, no vivían así. Eran humildes. Eso era una parte de la vida. No era todo en la vida”.

Algunos domingos, cuando todos estaban en casa, la familia hacía un picnic y jugaba un partido en un campo cerca del aeropuerto. Cuando Chicharito tenía 9 años, se unió al C.D. Guadalajara. A los 15, firmó su primer contrato profesional. Su futuro parecía una conclusión inevitable. Pero en 2005, quedó fuera del equipo mexicano sub-17 que llegó a ganar la Copa Mundial de la FIFA. Con su club, Chivas, logró solo un gol en 23 partidos de 2006 hasta la primera mitad de la temporada de 2008. (En la Liga MX, el año se divide en dos torneros, el Apertura y el Clausura). Consideró retirarse del juego para siempre. “Sí, casi renuncié”, dice Chicharito, pero sus padres y agente lo convencieron de darle al club seis meses más.

“Hablé con mis padres y les pregunté si este era en verdad mi camino”, dice Chicharito, “y me dijeron que fuera paciente, que siguiera luchando, que siguiera trabajando y que nunca perdiera la fe en mí mismo. Dijeron que en el futuro vendrían cosas muy buenas. Y obviamente, tenían razón”: 

Dos años más tarde, estaba trotando en el campo de Old Trafford. Cuando el Manchester United anunció su contrato en 2010, el sitio web del club recibió 50,000 registros de México en 24 horas. En México, el suministro de un año de camisetas de Chicharito del Manchester United se agotó en dos meses. Después de una temporada de debut dominante –en la cual anotó 20 goles y fue nombrado “Goleador Mundial 2011” por la Federación Internacional de Historia y Estadísticas de Fútbol–, se convirtió también en la sensación europea. Las biografías fueron empujadas apresuradamente a las prensas, y canciones fueron escritas también. Un fan escribió una oda al Chicharito, ambientada con la canción “Let it Be” de The Beatles.

Cuando me encuentro en tiempos de problemas,

Chicharito anota para mí

Javier Hernández, Chicharito

Y cuando necesitamos un delantero

Sir Alex se vuelve hacia él

Sal y haz el trabajo,

Chicharito Chicharito,

Chicharito Chicharito,

Javier Hernández, Chicharito

Contributor / Getty Images

Hernández parecía destinado al estrellato, pero en cambio su carrera ha sido definida por sus aciertos y arranques. Sir Alex Ferguson, el legendario manager del Manchester United, amaba a Chicharito como a un hijo. Pero él no iniciaba con él regularmente. Y cuando David Moyes remplazó al retirado Ferguson en 2013, los minutos de Hernández se redujeron a nada. Con el club, Chicharito anotó 37 goles en 49 aperturas y 103 apariciones. De acuerdo a Opta, un sitio web de análisis avanzado, su relación de minutos por gol (130.2), es el quinto mejor en la historia de la Premier League entre los jugadores que han anotado al menos 20 goles. José Mourinho, el ahora manager del Manchester United, dijo el año pasado que nunca hubiera permitido que Hernández se fuera. Pero, por supuesto, para entonces ya era demasiado tarde.

Hernández pasó la temporada 2014-15 prestado al Real Madrid, donde su estilo resbaladizo lo ayudó a lograr un equipo  perfecto con la valentía de Cristiano Ronaldo. En lo que fue quizás su momento más memorable en el fútbol europeo, convirtió un pase de Ronaldo para romper el punto muerto en el minuto 88 contra el Atlético Madrid en la Champions League. La siguiente temporada, con el club alemán Bayer Leverkusen, comenzó su mejor racha en Europa, metiendo 28 goles en 45 inicios y ganando el Jugador del Mes Bundesliga en cinco ocasiones. Esta temporada comenzó con un regreso prometedor a la Premier League con West Ham United. Pero Moyes reemplazó a Slaven Bilic como gerente en noviembre, y Hernández vio reducido su rol una vez más.

“Yo no soy el manager, así que yo no voy a armar el once inicial”, dice Hernández, “pero mi trabajo, mi trabajo duro, mi trabajo extra, mi buen humor, la manera en que veo las cosas positivamente, todo eso está en mis manos. Aun así sufro y siento dolor con algunas decisiones, porque en esta vida y en este deporte, esperas recompensas por trabajar duro. Pero la vida me ha enseñado a ser paciente”.

En entrevistas, Chicharito habla como juega. A ratos parece casi pensativo. Cuando habla español dice “gracias a Dios” con tanta frecuencia como la mayoría de la gente murmura “um”. Pero haz una pregunta que toque una fibra sensible, sobre estrategias de fútbol, por ejemplo, y exclamará “¡Exacto!” y se lanzará a la respuesta por varios minutos o más. Lo que más le apasiona en estos días es vivir en el momento. Aún en medio de una temporada decepcionante, no se detiene en cuestiones hipotéticas. Pregúntale cómo cree que su permanencia en Europa pudo haber resultado, y te contestará honestamente, pero no con amargura.

Julian Finney / Getty Images

“Sí, mi carrera probablemente pudo haber sido diferente si las cosas hubieran sido de otra manera, si Sir Alex se hubiera quedado unos años más”, cuenta, “pero la cosa es que el hubiera no existe. Estamos hablando de algo que nunca va a pasar. Nos gusta complicarnos la vida. A veces sientes que nada es suficiente, siempre quieres más, más, más. En tu trabajo. En el dinero. En las relaciones. Por eso es que vivo en el presente.”


En el estadio al este de Londres, Hernández está posado en un asiento blanco en medio de un mar de asientos rojos. Con la playera verde que trae puesta, está proporcionando el color que falta de la bandera mexicana, y el simbolismo no le pasa por alto. En sus seis apariciones anteriores en la Copa Mundial, México ha logrado emerger de las fases grupales para ser eliminado en la ronda 16. Quizás la misión más importante en la carrera de Chicharito es ver cuánto más lejos puede llevar esos colores.

Su experiencia con el fútbol nacional en México lo ayudó a prepararse para los retos que enfrentaría en Europa. En 2005, fue omitido del equipo ganador de la Copa Mundial Sub-17, un momento que fortaleció su resolución. “Ese fue un momento que definió su carrera. Fue un golpe en la cara. Cayó”, relata Miguel Pardo, un periodista mexicano que ha cubierto a la selección nacional por dos décadas, “y cuando cayó, su primer pensamiento fue pararse y seguir luchando. Fue al Manchester United y luchó, al Real [Madrid] y luchó, al Bayer [Leverkusen] y luchó. Creo que ese momento definió su espíritu futbolero para siempre.”

Pero aunque Chicharito ha estado en Europa por una década, su conexión con sus compatriotas sigue fuerte. Después de su primera temporada con el Manchester United, aceptó con lágrimas en los ojos ser embajador de turismo para su ciudad natal en Jalisco, Guadalajara. Y en 2012, se convirtió en el tercer embajador de México ante el Fondo de Emergencia Infantil de las Naciones Unidas. En eventos en todo el país, los oficiales y voluntarios de UNICEF se maravillaron por la manera en que se conecta con los niños. En vez de guiarlos en ejercicios en los campos de fútbol, los guiará en tontos juegos donde zigzaguea a su alrededor, para que ningún niño se sienta excluido. Cuando visita aulas, evita sentarse en sillas o pararse y opta por deslizarse directo al piso para que los niños puedan treparse encima de él.

“Muchas veces en México, los jugadores de fútbol tienen un estilo de vida muy lujoso”, dice el oficial de comunicaciones de UNICEF Daniel Gonzáles. “Chicharito no es así. Él se conecta con la gente a un nivel más personal. No lo ven como un icono, sino como alguien cercano a ellos, casi uno de ellos.”

Courtesy of UNICEF

Para Hernández, el trabajo de caridad es una anécdota de la cultura de celebridades de la cual no puede escapar. Él vive una vida tranquila la mayoría de las veces. No disfruta beber, fiestear o incluso ir al cine. Prefiere pasar tiempo en casa con su familia, quienes se han mudado alrededor del mundo con él. En una entrevista a principios de su carrera, declaró que su comida favorita es el plátano y su bebida favorita es agua. Pero a pesar de su aparente desinterés en ofrecerles algo emocionante, los tabloides aun rastrean cada uno de sus movimientos, obsesionándose particularmente con sus relaciones románticas.

Tampoco es inmune a la ponzoñosa obsesión que algunos fans sienten por la selección nacional. “Estoy muy agradecido por mi vida”, dice, “pero mi vida no es mejor o peor que la de otro ser humano. El valor de todos los seres humanos es el mismo. Somos iguales y somos diferentes. Cultura, religión, lo que sea, somos diferentes pero iguales. A veces en mi país, en muchos lugares alrededor del mundo, ponen su vida y todos sus placeres en el equipo nacional. Y no estoy criticando eso. Pero siempre debemos seguir adelante.”

Aun así, admite que nada en el fútbol le da tanta satisfacción como jugar por el Tri. En el pasado, ha referido a Chivas, su primer club, como el amor de su vida. Ha dicho que cada equipo desde entonces es como una novia: quizás él la deja, quizás ella lo deja. Pero la única excepción es el Tri. “La selección nacional es como mi madre”, dice. “Siempre estará ahí. Siempre voy a apoyar a mi país. No siempre estoy con ellos, pero siempre nos queremos. Ese amor y esa conexión son para siempre.” 

Hace año, en un partido amistoso contra Croacia, con sus padres y abuelos mirando, se convirtió en el máximo goleador en la historia de México. Para muchos observadores internacionales, sus logros vienen con un asterisco. Se refieren a su estilo de juego como “caza-goles.” Pero en un juego en el que los goles son escasos, criticar la fuente de alguno parece contradictorio. "La gente dice que técnicamente no es bueno", dice Pardo. "Me importa un bledo eso. Marca goles, que es lo que le pagan por hacer. La gente reevaluará lo que significa para el fútbol mexicano y para el equipo nacional cuando se retire. La gente dirá ‘Dios mío, era tan bueno’. El fútbol le pagará a Javier. Su gran premio se acerca, el respeto, la historia, el legado.”

A medida que transcurre el día, Hernández se levanta y regresa al campo. Sus obligaciones han terminado, y un asistente lo sigue con una serie de camisas para que se pueda cambiar. Pero opta por permanecer en su uniforme por un rato más. Él está en el campo. Él lleva los colores de su país. Está a 5.500 millas de donde nació, pero nunca parece estar lejos de casa.

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